EMILIO LLEDO

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Lledó, Emilio (1927- ), filósofo español. Nacido en Sevilla, estudió en Alemania con Hans Georg Gadamer y ha sido profesor de filosofía en las universidades de La Laguna, Barcelona y Madrid.

 Sus trabajos principales versan sobre la historia de la filosofía griega y ha realizado diversas traducciones de clásicos griegos al castellano, entre las que destacan las de algunos diálogos platónicos.

Lledó ha estado siempre muy interesado en relacionar la producción filosófica con el conjunto de sus condiciones materiales y sociales, estableciendo las múltiples conexiones que atraviesan el texto filosófico como tal.

Pero la obra de Lledó se ha centrado en la investigación del lenguaje desde una perspectiva hermenéutica. El lenguaje no sólo expresa el pensamiento, sino una forma de encontrarse ante la realidad y de interpretarla. Según Lledó, la historia es una memoria colectiva que no debe ser analizada de forma aislada respecto a la sociedad en la que ocurre y de los usos lingüísticos que la estructuran.


ENTREVISTA A EMILIO LLEDÓ

Emilio Lledó

"Todos somos filósofos"

Metidos ya en un nuevo milenio, Emilio Lledó es una de las pocas personas que pueden presumir de decir que es un filósofo -aunque él opina entre risas que ésa es una palabra demasiado seria-. Apenas hace pocos meses que se ha jubilado del mundo de la enseñanza, donde ha ejercido la cátedra de Historia de la Filosofía en nuestro país y más allá de las orillas del Rhin, en Alemania. Miembro de la Real Academia de la Lengua desde 1994, ha defendido a ultranza el lugar que merecen las Humanidades y la importancia del lenguaje en la vida del hombre. Maestro, filósofo y también escritor, su último libro, "Imágenes y palabras", nos sumerge en el fondo del ser humano y de todos aquellos detalles que le rodean. Sus libros y sus recuerdos acompañan la serenidad con que mira el mundo.

- Después de leer su biografía uno se pregunta: ¿cómo sobrevive un filósofo en el siglo XX en el que impera el materialismo, las prisas y la superficialidad?

- Sobrevivir en el siglo XX y en todos los siglos, no es sólo difícil para un filósofo sino para todo el mundo. En esta época que vivimos pasan tantas cosas, aparentemente tan contradictorias, que efectivamente para una persona que quiera reflexionar y armonizarlas, no le es nada fácil.

- ¿La filosofía es para una minoría?

- La filosofía ni es una cosa extraña ni está fuera de este mundo. Todos somos filósofos, al ser humano le ha interesado siempre saber dónde estamos, qué mundo es éste... Aunque sí es verdad que hay algunos pocos filósofos que nos dedicamos a la filosofía.

- Cada período histórico va acompañado de un pensamiento filosófico. En estos momentos, ¿qué tendencia va ligada al tiempo que vivimos?

- Ahora parece que hay una crisis de "grandes figuras" en el mundo de la Filosofía, aunque hay un gran cultivo importante. Quizás se deba a que ya nadie espera de esos filósofos soluciones definitivas, pero yo creo que es importante que los filósofos existan porque si no llegan los timadores, los vendedores de mercancía deleznable y de poco precio que quieren ocupar el lugar de los pensadores de los escritores...

- ¿ Qué grandes temas ocupan el pensamiento filosófico en la actualidad?

- En la filosofía de ahora, como a lo largo de toda la vida, sigue habiendo tres grandes temas: en primer lugar, la defensa de los valores éticos, colectivos, sociales...; en segundo lugar, la reflexión sobre la información y sobre el lenguaje que se transmite y por último, la preocupación, la revisión de nuestro pasado filosófico.

- A lo largo de la Historia, en los filósofos ha ocupado un lugar importante el pensamiento político. Si levantasen la cabeza los grandes filósofos de la humanidad como han sido Platón, Aristóteles... y viesen cómo es la política en la actualidad, ¿qué creen que dirían?

- Muchos se quedarían alucinados, quien haya leído "La República", de Platón, se dará cuenta que los pensamientos expuestos son de una gran modernidad, en sus páginas se pueden leer cosas como que el político se tiene que dedicar a lo colectivo, a los demás, que no deben tener grandes posesiones... Apliquemos todo esto a la actualidad donde todo es una venta de la mentira de la hipocresía, de las dobles verdades. El ciudadano tiene que pedir derecho a la verdad, aunque la verdad no tiene carácter absoluto como pretenden algunos políticos. La verdad es una lucha, un resultado de la democracia.

- Y entonces, ¿cuál es la verdad del hombre?

- La verdad del ser humano es una verdad que no es individual sino colectiva. Los seres humanos somos idénticos, somos animales que hablamos, que pensamos, que vivimos en un espacio cultural y cuyos intereses son la verdad, el bien, la justicia, la solidaridad; bienes, por otro lado, que son escasos y que es importante cultivarlos en nuestro tiempo con las modulaciones necesarias.

- En este siglo, donde todo el mundo va con prisas, no hay tiempo para la reflexión, ¿no piensa que aquellas personas que se paran a pensar en el sentido de las cosas no son felices?

- Es verdad. Pero yo creo que la lucidez de entender ciertas cosas, aunque te dé una cierta distancia de lo que pasa y te sientas impotente por no poder cambiar lo que sueñas, te puede dar una cierta insatisfacción e infelicidad. Pero ese esfuerzo por entender es una de las grandes pasiones del ser humano. Todos los hombres por naturaleza quieren "ver", como decía Aristóteles.

- En 1994 fue nombrado miembro de la Real Academia de la Lengua, ¿qué supuso para usted?

- Ingresar en la Real Academia de la Lengua supuso mucha alegría, creo que la Academia es una institución mucho más viva y más moderna de la idea que se tiene y estoy muy contento con el trabajo que realizo en ella.

- Usted ha sido un filósofo preocupado por el lenguaje ¿cómo el lenguaje determina al ser humano?

- Nos determina de una manera fundamental. Yo creo que no sólo nacemos en un mundo de objetos sino también de significaciones, en un mundo más abstracto que no podemos tocar tan fácilmente. En ese mundo de metáforas en el que nacemos se llama lengua materna pero a la vez también somos una lengua matriz, es decir, cada uno de nosotros es un lenguaje, es una forma de ver y de entender. Lo importante no es la lengua donde nacimos sino la que nosotros hacemos. Lo que yo hablo es mi lenguaje y a través de él yo estoy manifestando quién soy. El lenguaje es la huella dactilar del espíritu y por eso es importante la educación, para poder ser lenguaje cada uno.

- A la hora de utilizar ese lenguaje, de expresarnos con palabras, ¿no piensa que las palabras limitan nuestros sentimientos?

- Hay una gran polémica sobre este tema. A veces cuando convertimos en palabras ciertos sentimientos parece que las palabras matan, pero qué duda cabe que con todas las limitaciones, el lenguaje humano es la manera más importante de comunicar, como decía Nietzsche, "el lenguaje es el único puente de unión entre seres eternamente separados".

- En uno de sus libros dice: "El poder leer es poder revivir". ¿Hasta qué punto tiene importancia la lectura para el ser humano?

- Tiene mucha importancia. Hay que enseñar a amar esa lectura a los jóvenes, ya que leyendo se conoce un hermoso horizonte de diálogo. Cuántas gracias tendremos que dar a Lope de Vega, Quevedo, Saramago..., porque cuando cogemos un libro y hablamos con él es como si nos refrescasen el alma.

- Hace muy poco tiempo que se jubiló del mundo de la enseñanza, donde ejercía la cátedra en historia de la Filosofía en la UNED. ¿A qué se dedica ahora?

- Llevo muy poco tiempo jubilado pero pienso dedicar mi tiempo a escribir, a leer, ir al cine, a pasear, a estar con mis amigos. La vejez es nostalgia por mirar buena parte del camino recorrido y que jamás volverá a esperar, pero hay que mantener encendida la antorcha de la curiosidad crítica reflexiva. Aunque dicen que con la vejez se pierden neuronas, las que quedan se hacen más gordas y vencen.

-Las nuevas tecnologías, el ordenador, el fax, internet, que se van incorporando en este siglo vertiginosamente a la vida del hombre. ¿Cómo las encaja?

- Están en nuestro mundo.

Yo intento utilizar las que me son útiles y me hacen la vida mejor, pero hay que tener en cuenta que han surgido por esfuerzo del hombre. Lo importante es que no abandonemos el cerebro humano, que es el verdadero internet.

- ¿Por qué le gustaría ser recordado?

- Si merece ser recordado uno, me gustaría que lo fuera, por haber sido una persona que quiso ser mejor que lo que pudo ser, por haber creído en unos determinados ideales, por transmitir a través del lenguaje una cierta semilla inmortal, en definitiva, por transmitir algo de mí mismo, algo en lo que soñé.

Noelia Calvo

SESENTA y más


Emilio Lledó:

Lenguaje e Historia


Madrid, Taurus, 1996, 267 pp.
ISBN:84-306-0051-5

Contenido:


Reedición de la obra del filósofo Emilio Lledó; recoge una serie de estudios publicados entre 1967 y 1977. Los textos giran sobre un triple eje: la historia, la historia de la filosofía y la filosofía de la historia. En relación con todo ello, abarcándolo y permitiendo su formulación y conocimiento está el lenguaje.

Una de las preocupaciones centrales de la obra es la necesidad de devolver al lenguaje su expresividad originaria, saber lo que se quiso decir y la relación que mantenían las palabras con las cosas y con los que las empleaban:

Toda interpretación y, por consiguiente, también la filosófica, se apoya en el lenguaje, de ahí que el punto de partida de cualquier investigación tiene que situarse en el lenguaje mismo. ¿Qué quiere decir una investigación en el lenguaje mismo? Se trata, en nuestro caso, de un análisis semántico en el que la palabra puede devolvernos, a través de las conexiones con el paisaje lingüístico que la rodea, el contenido que encierra. El contenido de una palabra no es sino la posibilidad de referencia inequívoca a una determinada realidad, en principio extralingüística (Notas semánticas sobre el origen de la filosofía y de su historia, pp. 104-105)

Para Lledó, el hombre contemporáneo se encuentra en un punto peligroso de su evolución al haber perdido la experiencia de las palabras. El lenguaje se ha visto sometido a un proceso de desnaturalización, en el sentido de no responder ya a la experiencia del hombre, sino a lo que él mismo denomina la "semantización del léxico":

una conciencia crítica del lenguaje que nos circunda es imprescindible para la construcción de esa sociedad flexible que nos libere de la creciente y peligrosa semantización del léxico. En un determinado momento de la historia, el lenguaje se paralizó en una terminología descontextualizada, pero hoy se está desmoronando en algunos de sus estratos al producirse ese fenómeno de semantización. Las palabras, apareciendo en contextos inusitados o describiendo hechos inadecuados a su primitva semántica, comienzan a cargarse de los nuevos contenidos, que cuartean y deterioran el valor simbólico del lenguaje ( El horizonte de las formas simbólicas, p. 49)

Con la desnaturalización del lenguaje se produce también la del hombre que lo usa. Cada vez es menos posible comprender en el lenguaje. El mundo se retira al romperse la relación verdadera entre las palabra y las cosas.

Ejemplo de ello es el proceso seguido por la filosofía, que se ha alejado de sus primitivos y originarios fines:

la historigrafía filosófica ha pretendido, casi siempre, olvidar dos hechos fundamentales (...) El primer olvido se tematiza en haber pretendido hacer historia del «pensamiento», o sea, de una entidad inaprensible, casi fantasmagórica, si no se materializa en el lenguaje, o en actos no exclusivamente lingüísticos. El segundo olvido consiste en pensar que la historia de la filosofía es la descripción de una serie de problemas, aprisionados en los límites de lo que se suele llamar el «pensamiento de los filósofos». Este pensamiento parece alimentarse de una raíces inmersas en un difícil y distante mundo de problemas, alejado de cualquier motivación que no fuera exclusivamente «filosófica». El famoso tópico de la «oscuridad» de los filósofos, de su «estar alejados» de la realidad, expresa, a pesar de su trivialidad, lo profundamente que está arraigado en la sociedad este carácter peculiar, entre mágico y extraño, del pensamiento filosófico. Lo cual no deja de ser sorprendente, si se considera que la filosofía, cuando rastreamos en sus orígenes, no fue más que una respuesta inmediata a los estímulos del entorno (Notas semánticas sobre el origen de la filosofía y de su historia, pp. 146)

Obra interesante, con algunos capítulos brillantes, y otros que permiten ver la evolución personal de Lledó confrontada con las corrientes que establecen el "fin de la historia".

J. Mª A.